6/04/2012

Capitulo 2: bailemos toda la noche




     El día de la apertura había llegado, ese fin de semana las familias que más se destacaban en la ciudad se reunirían en el jardín de los fundadores, una hermosa mansión a las afueras de la ciudad con un  hermoso estanque en el centro de un florido jardín.
     Victoria sabia que este año no tendría pareja para la velada, pues Willy solía acompañarla cada año. Pero esta vez resultaría diferente, iría acompañando a su abuelo, como siempre, pero durante la velada el estaría ocupado reafirmando sus relaciones con miembros importantes, por lo que su único acompañante seria Freddy, y eso no le entusiasmaba a Vic para nada.
     Vic se encontraba un poco decepcionada pues en su cabeza aun escuchaba a Aaron. “Porque quizá te caiga de sorpresa”, eso había dicho, pero ella sabía que era algo imposible. Mientras Vic se duchaba pensaba en toso esto, en que este sería un año aburrido sin Willy en el baile y sin Aaron para hacerle compañía. De pronto se escuchó una voz fuera de la ducha que pertenecía a la nana de Vic.
-Vic, tu vestido esta sobre la cama, pronto vendrá el estilista para arreglarte.
-Muchas gracias, Nita.
-Mi niña, te escucho un poco apagada, que te sucede.
-Nada Nita, es solo que este año me siento un poco sola, eso es todo.
-¿Que no acabas de conocer a un chico en el colegio? te vi algo entusiasmada ayer en la mañana, deberías estar feliz por eso.- la cara de victoria, cubierta de agua por la ducha, se sonrojo al escuchar las palabras de su nana, ¿a caso era tan obvio su interés por Aaron?, era la primera vez que sentía algo así, y su nana que la conocía desde pequeña sabía muy bien cuando Vic le tomaba cariño a algo ó en este caso a alguien.
-Estoy feliz nana, no te equivocas, por eso estoy así.
-Ya veo, ¿acaso es amor?- Victoria salto al escuchar esta palabra, el tono de curiosidad de su nana hacia que se sintiera más nerviosa de lo que ya estaba.

     El abuelo de Vic, Abraham Jacobs, se encontraba frente a la puerta, paseándose de un lado a otro mientras esperaba a su nieta. Después de diez minutos de ansiedad, por fin vio que Victoria bajaba las escaleras. Abraham se sentía orgullo de Vic al ver lo hermosa que estaba. El vestido de Victoria era de un hermoso rojo escarlata brillante, de falda amplia, como el de una princesa. Llevaba su largo y oscuro cabello suelto para mostrar unas ondas perfectamente marcadas. Ese día Vic se sentía de la realeza.
     Victoria y su abuelo entraron a la limosina que los llevaría al baile. Victoria sabia que esa noche debía comportarse como la dama de sociedad que era, pues habría gente importante a la que su abuelo no debía defraudar. Cada segundo la limosina se iba acernado a una enorme reja negra que era custodiada por personal de seguridad. Al acercarse la limosina se abrieron las rejas para poder acercarse a unas hermosas escaleras blancas.
     Victoria al salir de la limosina fue escoltada por su abuelo quien saco la invitación al evento para mostrársela al personal que los guiaría adentro de la mansión, aunque solo era por mera formalidad. Mientras subían por aquellas escaleras Vic volteo a ver a los invitados que llegaron después que ella, todos vestidos elegantemente, no podía creer que todavía se llevaran a cabo eventos así de formales.
     Al entrar, Victoria soltó del brazo a su abuelo. “Dame cinco minutos”, le dijo Vic a su abuelo, este la besó en la frente y se adelanto. Victoria sentía que le faltaba el aire, era la primera vez que iba sola. Rápido  decidió calmarse, tomo aire profundamente y exhalando se armo de valor y entro en aquel enorme salón iluminado y repleto de gente. Entro caminando gentilmente y con la cabeza en alto y desde el primer paso dentro de ese salón fue el blanco de todas las miradas. Su vestido rojo llamaba mucho la atención pues contrastaba perfectamente con ella, sin excepción todos la miraban. Respirando con moderación y con la vista al frente Victoria pudo llegar hasta donde se encontraba su abuelo. “Bien hecho cariño” le susurro su abuelo al oído y ella más tranquila le sonrió.
     Pronto, cada persona dentro del salón de baile se acerco para saludar educadamente a Abraham Jacobs y a Victoria Michaells. Muchos de los ahí presentes eran hombres jóvenes, con un aspecto atractivo y la mayor parte de ellos al acercarse a Victoria preguntabas si ella les guardaría una pieza, a lo que Vic siempre contestaba que si, sería muy mal visto si ella rechazaba la invitación a bailar de algún caballero durante la velada.
     La velada transcurría y Vic aun se encontraba dando vueltas por el salón para darse a notar, según su abuelo, esto era indispensable para una joven de sociedad aunque Vic creía todo lo contrario. De pronto una voz un tanto molesta a los oídos de Vic se escucho. “Victoria, querida Victoria” se escuchaba con estruendo. Lo único que Vic podía hacer era tratar de no salir corriendo, pues era Freddy quien le hablaba.
-Querida Victoria, te he estado buscando toda la noche.
-Y yo he estado huyendo de ti.
-Vamos Vic, no seas así y baila con migo.
-No Freddy, y cuantas veces te he dicho que no me llames Vic.
-Vamos, anda. Vamos a bailar.
     Victoria ya estaba a punto de gritarle a Freddy que se fuera cuando alguien hablo detrás de ella. “Disculpa Freddy, pero ella prometió que me acompañaría toda la velada”. Esa voz dulce y amable era lo que Vic había estado deseando escuchar toda la noche. El corazón de Vic latía muy rápido, sentía que le faltaba aire, un vacio apareció en su estomago y lentamente al darse vuelta su cara iba cobrando un tono cada vez más rojo. “Te dije que vendría ¿no?”, era Aaron quien la había salvado de pasar toda la noche soportando a Freddy.
-¿Qué haces aquí, cómo entraste?- le pregunto Vic al chico de smoking que estaba delante de ella.
-Pues tengo mis contactos- le respondió Aaron casi susurrando. Victoria pretendía no dejarse llevar por el momento, pero tampoco podía negar que se sentía feliz de estar al lao de Aaron- ¿me concedes esta pieza?- Aaron estiro la mano hacia Vic, quien gentilmente la tomo.
     Todos observaban a Aron y a Vic caminar hacia la pista. Estos dos tomaron sus posiciones, y a pesar de que Vic quería mantenerse en control, sus mejillas no dejaban de tener ese color rosado por estar en contacto con el cuerpo de Aaron. El solo sentir su mano en su cintura y tomarlo de la mano hacia que Vic deseara quedarse así para siempre.
     Pronto la orquesta comenzó a tocar un vals, todos veían como Aaron y Victoria bailaban con gracias, como pareja de baile ellos dos combinaban a la perfección y aunque Abraham estaba feliz de ver a su nieta disfrutar de la velada, algo no le parecía del todo bien. Pero eso no le arruinaría el momento a Victoria, el estar en los brazos de Aaron, el poder contemplar por largo rato sus hermosos ojos verdes era todo lo que ella deseaba hacer, sin importar que los demás estuvieran observando.
-¿Te un secreto?- le dijo Vic a su pareja de baile- realmente deseaba que vinieras.
- y yo deseaba verte esta noche.
     Ambos chicos se quedaron viendo a los ojos mientras se movían al  compás de la música. Una sonrisa apareció en sus rostros. “Quizá esto si sea amor” se decía Victoria, “quizá esto si sea amor”.

     Después de un largo rato de bailar, Victoria y Aaron decidieron tomar un descanso. “Te traeré algo de tomar” dijo Aaron, dejando sola a la chica. Cerca de ellos se observaba una gran puerta de cristal que conducía hacia la terraza del jardín, esto llamó mucho la atención de Vic, pues a pesar de visitar cada año aquella mansión nuca se fijó en aquellas puertas y mucho menos en que estaban abiertas. Decidida a explorar un poco Victoria salió a la terraza dándose cuenta que en cada extremo habían unas escaleras que daban al jardín. Era un agradable lugar para tomar aire, con una vista increíble, pero algo más allá de la fabulosa vista llamo la atención de Vic y era que en la entrada de aquel inmenso jardín, había una persona que daba la impresión de estarla esperando. La curiosidad ya era mucha, así que Vic decidió ir a ver de quien se trataba. Bajo por las escaleras mientras alzaba su vestido para no tropezar y cuando bajo por completo los escalones la persona en la entrada echo a correr. Vic se extraño por lo que cavaba de ver, ¿por qué alguien huiría de ella?, ¿por qué alguien la esperaría en el jardín?, ¿realmente era a ella a la que esperaban? Tanta era su curiosidad que sin pensarlo dos veces se adentro e aquel jardín.
     Aaron regresaba al lugar donde había dejado esperando a Victoria para percatarse de que ella ya no estaba, al ver la misma terraza que había visto Vic decidió asomarse para ver si estaba esperándolo ahí, y al salir alcanzo a ver a Victoria correr hacia la entrada del jardín. Pronto supo que la situación se estaba tornando densa, así que disidió seguirla.
     El camino del jardín estaba iluminado por tenues faros, dando el efecto de antorchas, todo estaba solo, pero Victoria seguía escuchando pasos ahí adentro, estaba segura de que alguien quería que lo siguiera así que continúo buscando sin percatarse de que cada vez estaba más en el centro del jardín. La luz de aquella mansión pronto dejo de verse, Vic buscaba por todos lados pero no lograba encontrar a nadie. Después de haber caminado un rato llego a un lugar sin salida, lo que parecía ser el centro de un laberinto donde por ningún lado se veía la salida. Victoria comenzó a sentir desesperación, no podía salir. De pronto una sensación de pánico se empezó a apoderar de su pecho, la luz de los faros empezaba a desaparecer y el aire se hacía cada vez más pesado y helado. La respiración de Vic se agitaba cada vez más, su cabeza punzaba y su cuerpo sentía ardor, estar de pie se convertía en una tarea difícil. No pasaron ni cinco minutos para que sus piernas cedieran y callera de rodillas. Pero aun con tanto dolor Vic seguía consiente. Y al mirar hacia enfrente, entre los arbustos, vio un par de ojos penetrantes de color azul turquesa.
-¿Qué es lo que quieres, acaso no vas a atacar?- Victoria no sabía porque hacia esa pregunta, “¿qué  diablos ando preguntando eso? Que es lo que me pasa, debería correr pero…mi cuerpo no responde, duele”. Esto era lo que Vic pensaba mientras trataba de mantenerse despierta.-Bien, si vas a asesinarme, hazlo de una buena vez- dijo victoria mientras jadeaba de dolor.
     Con los ojos cerrados, Vic escucho como aquella persona de ojos azules se acercaba muy despacio. Ya estaba resignada a su fin cuando escucho que su nombre. “Victoria” gritaban y en ese momento la persona de ojos azules dejo de caminar para retroceder. Pronto el dolor en el cuerpo de Victoria desapareció, su cabeza dejo de punzar y su respiración volvió a ser normal. Victoria abrió los ojos y la luz de los faros volvió a aparecer, el aire se sentía más ligero y la noche volvió a tener la calidez del verano.vic se puso de pie trató de limpiar su vestido cuando escucho unos pasos detrás de ella. Volteó sorprendida y vio que Aaron llegaba corriendo hacia ella. “¿Estás bien?” pregunto Aaron. Victoria, con su cuerpo temblando de miedo, corrió hacia Aaron para abrazarlo con fuerza. “Tenía tanto miedo, pensé que iba a morir” le dijo Victoria entre sollozos y un llanto ahogado, pues no quería preocupar a su abuelo. Aaron la abrazó fuertemente, “no te preocupes, yo siempre te protegeré, siempre” le dijo a Vic mientras le acariciaba la cabeza pero sin dejar de vigilar los arbustos en donde se escondía la persona de los ojos azules.

     Ya de regreso en la mansión, Abraham que estuvo buscando a su nieta por un buen rato vió que Vic ya estaba de regreso.
-Victoria ¿Dónde estabas?, te estuve buscando.
-Perdón abuelo, estaba en el jardín y me perdí- Vic no podía contarle a su abuelo ni a nadie de la persona de ojos azules- No volverá a suceder, lo bueno es que Aaron me pudo encontrar.
-Aah, tu eres el chico que la acompaño a casa la otra noche.
-Así es señor, mi nombre es Aaron James, encantado de conocerlo.
-El gusto es mío señor James, gracias por cuidar de mi nieta.
- No se preocupe señor, puede confiar en mí.
     Victoria se encontraba agotada por lo que había sucedido esa noche, pero algo bueno salió de todo eso, su abuelo había aceptado a Aaron y ella había podido bailar con él, eso nadie  ni nada lo echaría a perder.
-“¿Qué fue todo eso, fue solo mi imaginación?- pensaba Vic con seriedad cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por su abuelo. “¿te encuentras bien?” le preguntaba- sí, me encuentro bien, es solo que estoy un poco cansada- fingió una sonrisa y le dio un beso en la mejilla para después separarse de él.
     Aaron se encontraba en la puerta del salón alistándose para irse cuando Vic lo interrumpió.
-¿ya te vas?
-Sí, ya es tarde y mañana tengo que despertarme temprano. A por cierto, quería hablar contigo de algo importante, pero creo que será hasta nuestra cita.
-¿cita?- Vic se sonrojo cuando se dio cuenta de que Aaron se refería a su paseo por el lago- entonces, hasta nuestra cita.
-Oye, Vic- Aaron se acerco al oído de Victoria y le susurro- ten mucho cuidado, no te descuides en ningún momento, no quiero perderte. Que descanses.
     Vic se sorprendió al escuchar estas palabras. Se preguntaba si acaso Aaron sabia quien era la persona de ojos azules y que hubiera pasado si el no hubiera llegado. Todas estas preguntas siguieron rondando en la mente de Victoria en todo el camino de regreso a casa.
     Ya en su recamara, su nana la ayudó a quitarse ese estorboso vestido. Desmaquillarse y desenredarse el cabello fueron cosa fácil. Lo que realmente no fue fácil fue conciliar el sueño, pues esa noche, algo inexplicable había ocurrido, surgieron preguntas sin respuestas el presentimiento que algo extraño pasaba a su alrededor comenzó a molestar a Victoria.
    
     Esa noche victoria tuvo un sueño diferente al que había tenido desde que tenía memoria, un sueño tan extraño que la cautivo por completo. En el aire había un distinto a cualquier olor en el mundo, era un olor a sol. La luz esta vez no era brillante, si no cálida y de un color rosado. El ambiente era cómodo, familiar y nostálgico a la vez. El llanto brotaba de los ojos de Victoria, no por tristeza, si no de felicidad.  Dentro de ella se sentía un calor confortable y se sentía ligera, como si no existiera la gravedad. Podía sentir la cálida brisa entre su cabello, no quería despertar ya no le importaba nada.
     Fuera, en la realidad, Victoria no se daba de los cambios que estaba presentando, su piel se tornaba más tersa y sus mejillas se volvían más rosadas. Mechones de cabello se teñían de un rosa fucsia. Al despertar notaria que el cambio estaba comenzando y que pronto ya nada sería igual.

     Esa mañana Victoria se levantó como de costumbre. Decidió ducharse y arreglarse pues cada domingo su abuelo y ella acostumbraban a ir al lago. Al momento de arreglarse Victoria se dirigía al tocador de su baño, pero no fue hasta el momento en que se vio al espejo que noto un enorme cambio en ella. Mechones en su cabello se habían vuelto rosas y su cara se veía menos pálida a como acostumbraba a lucir. Se asombro al ver su reflejo, fue tanta su sorpresa que soltó un grito tan fuerte que se alcanzo a escuchar hasta la planta baja. “¿Qué te sucede?” preguntó un chico mientras entraba apresurado al cuarto.
-¿Willy. Que haces aquí, cuando volviste?- preguntó Vic con sorpresa y frustración.
-Hoy en la mañana, pero como todavía estabas dormida no quise despertare. Oye, esos mechones…
-Yo no me los hice, te lo juro. No sé de donde salieron, tu sabes que no me gusta teñirme el cabello, yo…- Willy comenzó a reír mientras Victoria lo miraba extrañado- ¿de qué te ríes?- le pregunto con un tono molesto.
-Tranquila, ya sé que tú no te los hiciste, es natural que te salgan, ya estás en edad.-Victoria lo miro con cara de no entender lo que ocurría ni mucho menos a que se refería- Veras, en nuestra familia, cuando una persona ya ha alcanzado todo su desarrollo le sale, ¿cuál sería la palabra para describirlo?...lunares, eso es, lunares, y como tú ya alcanzaste la madurez pues es natural que te hayan salido, aunque a mi me salieron mucho más tarde que a ti; eso es extraño.
- ¿extraño, eso te parece extraño? Y si a ti te salieron, ¿dónde está tu lunar?- al preguntar esto, Willy se agacho y del lado derecho de su cabeza se asomó un mechón de color azul rey.
-Ves, yo también tengo uno.- miró fijamente a Victoria y la tomo del hombro- ya pronto llegará el momento en que te darás cuenta de todo.
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6/03/2012

Capitulo 1: porque te conocí…



     Una cálida sensación acompañada de una luz hermosa inundaba el ambiente, a lo lejos se escucha la voz de un desconocido pronunciando un nombre: Victoria. La voz se desvanecía cada vez más, mientras una fuerte campana irrumpía con fuerza.
     La alarma sonaba cada vez más insistente, pues las vacaciones de verano habían terminado y un nuevo semestre comenzaba.
     En su cuarto, una joven de piel blanca y cabello negro y despeinado abría los ojos con delicadeza, tratando de captar muy despacio la luz que entraba por su ventana. “Otra vez ese sueño” se decía ella con fastidio y nostalgia mientras se levantaba de la cama.
     Era tiempo para regresar a la universidad y su rutina de diario volvería a ser la misma. Se dirigió hacia el baño dispuesta a tomar una ducha antes del desayuno, pues el aspecto que tenía no era nada favorecedor para salir a la calle.
     “Victoria, el desayuno está listo”, se escucho del piso de abajo. La vida de Victoria no estaba llena de aventuras como ella esperaba, pues en ciudad Esperanza todo y nada cambiaba.
     Mientras Victoria bajaba las escaleras se volvió a escuchar a la misma persona gritar lo mismo de antes. “Victoria, el desayuno está listo”, le gritaba un chico de cabello rubio y lacio desde el comedor.
-Basta Willy, no tienes que gritar tan temprano- le respondió Victoria al muchacho sentado al lado de lo que parecía el jefe de familia- abuelo, deberías de reprenderlo por hacer tanto escándalo- le decía al hombre sonriente a su izquierda con un tono divertido mientras se sentaba a comer.
-Está bien, chicos, dejen de hacer tanto alboroto durante el desayuno. Por cierto Vic, ¿ya tiene todo listo para hoy? No se te vaya a olvidar comentarles a todos lo del museo.
-No abuelo, tengo todo guardado en mi bolso- le respondió Vic, con los ojos aun soñolientos y bostezando de sueño- y será mejor que me vaya si quiero llegar puntual.
     Victoria se levanto del comedor y con un beso en la mejilla se despidió de su amado abuelo. “Willy, no se te olvide pasar por el libro que encargue en la librería”, y mientras decía esto se llevaba un trozo de pan a la boca. “No te preocupes, me lo estas recordando desde hace tres días, no creo que lo olvide”, le contesto el rubio con una sonrisa torcida que hacía a Victoria reír cada vez que la veía.
     Con prisa Vic salió de la casa rumbo a la universidad de ciudad Esperanza, donde 1500 personas estudiaban desde política y medicina, hasta arte y literatura. Victoria, aunque no le importaba demasiado,  era la presidenta de alumnos de la facultad de arte, un trabajo aburrido y monótono según la misma Victoria.
     El camino hacia la universidad también era monótono, aunque menos aburrido, pues a pesar de estar en una ciudad donde nada cambia, las personas a las que Vic veía a diario representaban esa esperanza de que algo interesante podría pasar en algún momento no muy lejano.
     Victoria seguía caminando y pronto se vería la enorme entrada de la universidad, repleta de estudiantes y profesores y aunque el tiempo pasara y las personas envejecieran, no cambiaban en lo más mínimo.
     Al entrar en aquella explanada llena de gente, Victoria se dio cuenta de que todo seguía igual a como lo había dejado, excepto por un muy significante detalle, un muchacho de cabello despeinado al que nunca había visto por ahí. En la ciudad se tenía claro de que toda persona en edad de ir a la universidad acudía a ella, por lo que casi todas las personas en ese lugar se conocían, pero este muchacho no era conocido de nadie. Victoria se acerco a él con mucha curiosidad, porque aparte de ser aparentemente nuevo, también estaba aparentemente perdido. Nunca pensó que al verlo por primera vez se toparía con dos hermosos ojos verdes esmeralda. “Disculpa, te puedo ayudar en algo”, le preguntó Vic al recién llegado con toda la intensión de orientarlo por si estaba perdido pero también para averiguar más de él. Victoria no había visto jamás a alguien tan cautivante como a aquel muchacho. “Muchas gracias, pero estoy esperando alguien. Te lo agradezco”, le respondió el muchacho con un tono amable y algunos dirían que dulce, pero para Vic era obvio que era todo lo contrario, era frio y distante. “Descuida, buenos días”, y después de decir esto, Vic se fue. El muchacho de ojos verdes volteo a verla como deseando que no se fuera, pero antes de poder decir algo, se dio cuenta de que Victoria ya no estaba.

     La mañana de Vic no estaba siendo muy agradable como ella hubiera esperado. Entrar a clases y lidiar con gente ruidosa y desesperante era lo menos que quería hacer en ese momento. Victoria entró al aula con un poco de pereza, fastidiada de tanto ruido, pero al entrar se dio cuenta que junto a su asiento habitual se encontraba aquel muchacho despeinado y de ojos verdes, lo que hizo que su mañana fuera un poco más grata.
     Mientras Vic iba acercándose a su asiento, un muchacho bronceado y alto le bloqueó el paso. -“Hola Vic, esta vez si vas a aceptar mi invitación al cine”, le dijo el muchacho con una amplia sonrisa.
-Por favor Freddy, hoy no estoy de humor para soportarte- le dijo Vic al chico con fastidio, mientras trataba de ver al chico nuevo- así que déjame pasar y no me digas Vic, que solo mi abuelo y Willy me dicen así, quien te dio ese derecho eh?
-Vamos Victoria, no seas así con migo, ¿por qué estás de mal humos hoy?
-Pues porque tuve un problema en…eso a ti no te importa- le respondió Vic.- por lo tanto esta plática se acabo, adiós.
-¿Eso es un sí a mi invitación?- le gritó el chico a Victoria.
-Por supuesto que no- le respondió a Freddy.

     Victoria e acerco a su lugar junto a la ventana, colocando sus cosas ahí. Se sentó con cuidado tratando de desviar la mirada del chico que se encontraba a su derecha. De pronto el profesor entro al aula y comenzó a dar la clase. Victoria no le prestaba atención, su incomodidad crecía a cada segundo, pues los ojos verdes de su nuevo compañero no dejaban de mirarla fijamente cuando se percato de que el profesor la estaba llamando. “Señorita Michaells, ¿nos haría el honor de pasar al frente por favor?” Victoria se paró de su asiento y se dirigió al frente de la clase.
-Como bien saben, en esta carrera se nos pide que aprendamos hasta el más mínimo detalle de una pieza de arte, pero es imposible si solo se nos proporcionan fotografías, por lo cual la dirección de la facultad y el museo de arte han decidido reabrir el programa de soporte a alumnos, donde se nos permitirá observar más de cerca e incluso tocar las piezas de la galería, pero sin tomar fotografías ni llevarse ninguna de las piezas a sus casas.  Lo único que tiene que hacer es llenar un formulario en la oficina principal de la facultad para que puedan obtener el sello del museo. ¿Tienen alguna duda?- hubo un silencio de 10 segundos- entonces si no tienen ninguna duda, eso es todo.
     Victoria regresó a su asiento con pereza y fastidio, percatándose de que el chico nuevo aun la veía con insistencia.
-Veo que no es fácil ser la representante de los alumnos- le dijo el chico.
- ¿Disculpa? ¿Cómo sabes que soy delegada?- le contestó Vic con sorpresa.
-El profesor lo dijo mientras tú estabas distraída. A propósito, me llamo Aaron. Aaron James.
-Victoria Michaells, mucho gusto- le contestó con un tono amable pero con pereza.
-Te iba a preguntar tu nombre desde que te acercaste a mí en la entrada, pero saliste corriendo.
-Perdón, tenía algo de prisa- un silencio se produjo después de esta contestación. Victoria trataba de encontrar un tema para platicar, no quería que el creyera que era aburrida- y, ¿de dónde vienes? Es obvio que no eres de ciudad Esperanza.
-Vengo de Inglaterra, espera, ¿cómo que es obvio, tanto desencajo con el lugar?
-Para nada, te vez como cualquier persona, pero una persona de aquí conoce de memoria el campus, las preparatorias se encargan de organizar visitas cada mes para los alumnos que están por ingresar a la universidad, es por eso que es obvio que eres nuevo en la ciudad- Victoria observo la cara de Aaron y se dio cuenta de que este la miraba con una cara extrañamente inexpresiva, esperaba que no se hubiera dado cuenta de que las “visitas a la universidad” era una pequeña mentira para no descubrir su aparente interés - perdón, hable de más.
-No no, tranquila. Realmente lo encuentro adorable- este comentario hizo que Victoria se sonrojara levemente- y dime. ¿El chico de hace rato es tu novio?
-¿Quién, Freddy? No no, para nada, aunque él se atribuye derechos que no tiene- contestó Vic con un tono sarcástico.
-¿Por qué? Se ve que tiene un gran interés en ti.
-Pues resulta que cree que estamos comprometidos, pero no es así. Mi abuelo y su abuelo se conocen desde hace mucho tiempo y nuestras familias son muy cercanas, así que su madre tuvo la “original” idea de comprometernos, aunque su padre no está de acuerdo con esa ridícula idea.
-Entonces está bien que te invite un café, así puedes ayudarme a conocer la ciudad- Aaron tenía una voz dulce pero varonil que a Victoria le encantaba escuchar, por lo que acepto su invitación.

     Y mientras el día transcurría placenteramente para Vic, Willy era quien estaba en una situación difícil. “¿Qué? No es posible que de nuevo tenga que partir, ¿qué acaso no saben que estoy ocupado aquí? Claro, entiendo. Partiré enseguida.” Y con esto el joven de cabello rubio colgó el teléfono.
-Viejo, tengo que salir, así que te encargo que recojas el libro de Vic, y además pídele disculpas por mí, le prometí un fin de semana desde hace un mes.
-William, deberías avisarle tu mismo, se molestara mucho cuando sepa que te fuiste sin decirle nada.
-Abraham, es urgente que valla, es una orden directa- le respondió Willy al anciano de anteojos que le hacía compañía- ya veré como le pido disculpas a distancia- y salió de la sala de estar con una sonrisa burlona.

En una cafetería cerca del lago al centro de la ciudad se encontraban dos chicos de universidad charlando por primera vez, y mientras decían las típicas cosas de una presentación, los dos jóvenes se miraban como si nunca más se volvieran a ver.
-Y dime Victoria, ¿por qué decidiste estudiar arte?
-Muy simple, mis abuelos. A ellos siempre les apasionó el arte, y se me enseño desde muy pequeña a amarlo, no conozco otra cosa en la que sea buena.
-Y tus padres, ¿están de acuerdo con eso?- el semblante de Vic se entristeció un poco al escuchar esa pregunta y al pensar en cómo responderla.
- Veras, no puedo saber si mi madre está de acuerdo o no pues nunca la conocí, murió cuando yo nací. Y mi padre está de acuerdo con mi elección, aunque no lo conozco.
-Espera, ¿dijiste que no lo conoces?
- Así es, no lo conozco. Se hace cargo de mis gastos y me manda un obsequio en navidad y en mi cumpleaños, y todo eso lo hace por medio de mi primo.
-Entonces, si aprueba tu decisión, no veo ningún problema o, ¿si existe un problema?
-De hecho sí, mi primo me ha dicho desde que lo conocí, que algún día seré la mano derecha de mi padre, pero, no conozco su trabajo en absoluto. No tengo idea de lo que hace.- a Vic le fastidiaba hablar acerca del tema de la milicia- ¿podemos cambiar de tema?
-Claro, yo hago lo que tú me pidas- el tono serio y lleno de confianza de Aaron hicieron que Victoria comenzara a tener más curiosidad de la que ya tenía.
- Creo que ya es tarde, mejor llévame a mi casa- le dijo Vic a Aaron con un poco de timidez- Aaron como todo buen caballero pagó la cuenta y le cedió el paso a Vic para salir del lugar.
     Era una linda noches, el cielo estaba cubierto de estrellas y la brisa del aire era cálida, y mientras Victoria y Aaron caminaban por la acera, Vic le dijo a Aaron: tú llegaste buscando algo fascinante en esta ciudad, ¿ya lo encontraste? Aaron la miro con una sonrisa dulce y enseguida volteo a ver al frente.
- Así es, ya lo encontré.
-¿Y qué es?, si se puede saber.
-¿En serio quieres que te lo diga?- Vic asintió con la cabeza- muy bien, lo más interesante que encontré en esta ciudad fue…a ti- ambos pararon de caminar. Aaron miraba dulcemente a Victoria mientras ella le respondía la mirada con un rostro lleno de calidez y con una sonrisa amable.
Victoria regreso su mirada al frente y siguió caminando:
-Sabes, en esta ciudad la monotonía predomina. Las personas están sumidas en sus aburridas rutinas y cuando algo nuevo sucede se vuelve la sensación de todo el mundo, pero si se repite seguido termina por volverse monótono también- Vic paró frente a un hermoso portón de madera al final de una pequeña escalera y luego volteó a ver a Aaron- me encantó conocer a alguien interesante por primera vez. Espero que mañana me sigas encontrando interesante- y dicho esto Victoria se acerco a Aaron, se paro en la punta de sus pies y le dio un dulce beso en la mejilla- buenas noches.
     Victoria subió la escalera para poder entrar a su casa y mientras ella cerraba la puerta Aaron la veía con ternura y nostalgia al mismo tiempo. “Duerme bien” dijo Aaron para después volver a casa. Esa noche ninguno de los chicos dejaba de pensar en el otro, pues ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar el asunto  en una sola platica. Tenían el presentimiento de que este era el comienzo de una nueva vida.
     Victoria serró la puerta detrás de ella y pensando en lo que había pasado hace un momento, se recargo en el vitral del portón y serró los ojos como queriendo saborear mas su pensamiento, cuando de pronto se escucho como alguien a su lado carraspeaba la garganta.
-Abuelo, me asustaste- Vic pegó un brinco al ver a su abuelo al lado de ella- ¿a caso estabas espiando?
-Es que, es la primera vez que te veo acompañada de un chico, mejor dicho de otra persona que no sea William.
-Tranquilo abuelo- dijo Vic con una sonrisa- es solo un amigo.
     Después de contestarle a su abuelo, Vic subió las escaleras que la llevaban a su recamara para poder entrar en ella con la intención de descansar. Cambiarse de ropa, lavarse la cara y los dientes era la rutina de Vic antes de dormir, aunque esa noche por más que quisiera comportarse normal, no podía, realmente Aaron le había roto todos sus mecanismos de defensa.

     Dentro de un avión, a altas horas de la madrugada, se encontraba un muy aburrido chico de cabello rubio. Willy sabía muy bien que las órdenes de sus superiores eran su prioridad, pero cada vez que pasaba más tiempo en ciudad Esperanza, le resultaba más difícil el tener que regresar a donde realmente pertenecía. Su mano sostenía su celular, al que contemplaba como si fuera su tesoro, puesto que en la pantalla se alcanzaba a ver claramente una fotografía de Victoria. “Creo que ya es inevitable”, decía mientras guardaba el celular en el bolsillo de su saco y se disponía a dormir.

     A la mañana siguiente Vic llegó a la universidad a la misma hora de siempre, caminaba distante de todos como acostumbraba, solo que esta vez un murmullo hiso que prestara más atención. Dos chicas que caminaban al lado de ella iban conversando de un tema que realmente era de su interés. “¿Apoco no es todo un príncipe? Si tienes razón, tiene un aura muy elegante y distante, es tan genial” decían las dos muchachas a la izquierda de Vic, quien pensaba que tenían toda la razón. De repente escucha una voz familiar llamándola “Victoria”, era Aaron quien caminaba hacia ella.
-Buenos días Victoria.
-Buenos días- le contestó Vic-si no es mucha molestia, llámame Vic- la cara de Aaron pasó de sorpresa a gusto.
-Si es lo que deseas.- Los dos chicos regresaron su mirada al frente y caminaron uno junto al otro hacia el salón de clases.
-Ayer me la pase muy bien, nunca hago ese tipo de cosas. Muchas gracias- le dijo Vic a Aron con una sonrisa.
-No tienes que agradecérmelo. Siendo sincero yo también me la pase bien lo que me lleva a preguntarte si quisieras salir con migo el sábado.
-¿El sábado?- por la mente de victoria pasó la imagen de su nana recordándole que el sábado era un día importante para su abuelo- lo siento, no podre ir.
-¿Por qué no?- la expresión de decepción de Aaron hizo que Vic explicara con lujo de detalle la razón por la cual no había aceptado.
-Veras, la próxima semana es el aniversario de ciudad Esperanza. Alrededor del lago se reúne la gente durante una semana para festejar esta ciudad y el que vivan aquí. Vienen comerciantes de muchas partes, se pone una feria, hay concursos y el último día hay un festival donde toda la ciudad acude. La apertura es el sábado en la noche, se hará un baile con las familias más importantes de la ciudad, principalmente la familia de cada uno de los fundadores de ciudad Esperanza. Yo como nieta de unos de los fundadores tengo que asistir obligatoriamente.-Aaron escuchaba con atención, pero su cara no reflejaba interés o sorpresa por el tema, sino tristeza. Vic lo noto al instante, por lo que quiso aligerar el asunto- Durante esa semana a los estudiantes nos dan solo medio día de clases. Si quieres, podemos ir al lago saliendo de aquí- Victoria le sonrió al chico con un ligero sonrojo en su cara.
-¿lo dices en serio?- le contesto Aaron con un tono un poco infantil. “Si” dijo Victoria haciendo que el chico sonriera con esa mirada dulce que le gustaba ver a Vic- y por pura curiosidad, ¿cómo se visten para la apertura a la que iras?
-Muy elegantes, es de etiqueta.
-¿Es decir,  que los hombres usan smoking?
-Así es, ¿por qué lo preguntas?
- Porque quizá te caiga de sorpresa- Victoria reacciono con sorpresa a esa respuesta.
-Estás loco- es lo único que Vic pudo decir mientras se reia por aquel absurdo comentario de Aaron. Lo único que deseaba Victoria era que esas palabras dichas a la ligera se convirtieran en realidad. Cada vez que pensaba en Aaron su corazón se aceleraba, que mejor que pasar esa velada con él para averiguar si era amor.

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Light on the Way: prologo


PROLOGO:
“La humanidad decae, pierde su fe, espera su fin. Pero no importa si los demás se rinden, no importa si solo quedo yo; me mantendré de pie hasta el final.
 En este mundo donde las cosas cambian, nosotros no cambiamos. Nosotros nos mantenemos y lamentamos, peleamos por nuestros ideales. En este mundo donde no cambiamos luché; no por honor, no por gloria, sino por amor.
 ¿A caso escuchas mis plegarias?, ¿escuchas mis promesas? Tu  voz y mi voz resuenan en el aire, llenas de llanto, odio, ternura, amor.
En este mundo donde todo y nada cambia, te conocí.”

     En una ciudad llamada Esperanza, alrededor de las tres de la mañana, las calles se encontraban desiertas, silenciosas, su fantasmagórico silencio hacia que se apreciara hasta el sonido de los rayos de la luna; pero por alguna razón nadie escucho lo que acontecía esa noche.
     Una pelea entre viejos enemigos por el tesoro más grande de la historia, una pelea pospuesta desde hace tres mil años; pero hasta esa noche viejos resentimientos surgieron a la luz.
-¡Vamos!, tenemos que salvar a la “reina” y a su bebé-gritó un soldado que a simple vista era el líder de unos de los bandos.
     Su pelotón estaba compuesto por hombres valientes, preparados mentalmente para proteger a su “reina” a costa de sus vidas. Hombres expertos en combate y armas con un enorme deseo de gloria e instintos de pelea obtenidos desde su nacimiento, resaltantes a la vista por su uniforme militar de un tenue gris con camuflaje azul; mientras que el enemigo de uniforme negro azabache contraatacaba con toda su ira a los soldados de Dios.
- Capitán, nosotros trataremos de detenerlos, su prioridad es la “reina”,- estas palabras provenían del segundo al mando, un león de color blanco puro, pero con una voz muy diferente a la de su apariencia, una voz perteneciente a un muchacho de tan solo catorce años de edad- sí le llegara a pasar algo a la chica y a su bebé, nuestro líder no tendría compasión por nosotros al haber desprotegido a su esposa. ¡Vallase ya!- y con este grito William, capitán de El Escuadrón, huyo junto con una mujer embarazada. “Que Dios nos bendiga”. Esa plegaria fue la causante de que aquellos hombres defendieran sus posiciones con valentía.
     Hubo bajas de parte de los dos bandos, hombres caídos, soldados peleando;  y a pesar de que la batalla estaba alcanzando su clímax, se decidió pausarla para una próxima vez.
     Y mientras nadie se percataba de la intensa pelea, la ciudad se hundía en el feroz y despiadado fuego, dejando sin vida a todo habitante dentro de ella.
    
      Antes de que amaneciera, en una casa ubicada en los suburbios colindantes a la ciudad, una mujer daba a luz a una niña, cubierta por una luz dorada intensa. “Ni una palabra de esto”, dijo el capitán a la madre de la muchacha quien asistió el parto. “no se preocupe, estamos consientes de la situación de mi hija y su bebé”.
     La niña parecía estar en excelentes condiciones, pero la nueva madre no. El huir a toda prisa a pesar de estar a punto de dar a luz afecto a la muchacha de 21 años, dejándole no más de dos horas de vida. “Quiero que crezca en paz, rodeada de personas que la quieran, con una oportunidad de vivir su vida como ella quiera; sé que es mucho pedir, pero no quiero que se involucre en esto, quiero que crezca feliz aunque no esté con ella. Sé que le hare mucha falta”, dijo la mujer con lagrimas en sus ojos. “Descuida, trataré de mantenerla alejada de todo esto, pero, ¿y su padre?; ¿no crees que tiene derecho a verla?”. Un triste silencio se hizo presente en la habitación, la chica miraba a William con un gesto de suplica; “entiendo, se lo explicaré personalmente pero, deja que la vea solo una vez”. La única respuesta que ella pudo decir fue “de acuerdo”.
     Un destello inundó la recamara donde se encontraba la recién nacida y su madre. Ya habiéndose dispersado la figura de un hombre de un metro ochenta y cabello rubio apareció.
-Delia, gracias por dejarme estar a tu lado hasta el final-dijo el rubio de ojos azules- no me perdonaría nunca no poderte decir lo mucho que te amo. Fuiste la única en este mundo que pudo entenderme, escucharme, hacerme sentir lo valiosa que es la vida. Gracias, por ser mi amiga, mi confidente, mi musa, mi diosa, la madre de mi hija, mi esposa, mi siempre fiel compañera.
     La voz de Michael se entrecortaba, sus ojos derramaban lágrimas de tristeza por su esposa, rodeándola con sus brazos y sosteniéndola delicadamente con el deseo de que nunca lo dejara.
-Sabes, quiero que se llame Victoria, que sea fuerte, lista, buena con los demás y de buen corazón. Te amo Michael, cuídala bien.
Y con estas últimas palabras, Delia, murió. Los sollozos del muchacho de aparentemente 28 años eran silenciosos pero llenos de dolor. “¿Victoria eh? Creo que mejor nombre no pudiste elegir. Te prometo cuidarla y aunque ella no sepa de mi la protegeré, juro que la protegeré”. El chico caminó hacia la bebé y la tomo en brazos, “sé una buena niña, crece fuerte y feliz, que yo estaré contigo siempre””. Dicho esto se la dio a su abuela y le pidió el favor de que se encargara de criar a su hija. La señora sin pensarlo dos veces acepto, pues era su nieta de quien estaban abalando.
     Michael y William regresaron con su pelotón seguros de que la niña se encontraría bien. Ahora, tendrían que esperar a que el enemigo hiciera su siguiente paso para poder atacar.
     Sin embargo, una pelea, un nacimiento y una muerte no fueron guardados en la memoria de nadie. El milagro más importante de todos los tiempos ocurrió un 25 de abril de 1992 dando inicio a la historia más hermosa de todos los tiempos.
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